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Cuando escuchar y hablar son refugio


Cuando escuchar y hablar son refugio

Hay situaciones como; una pérdida, una crisis de salud, una noticia que cambia el rumbo de la vida, o de un día común, un terremoto como el que vivimos recientemente en Colombia, que nos dejan con la sensación de que cualquier gesto es pequeño frente a lo que está pasando… o de no saber bien qué hacer con las ganas de ayudar.

Es natural pensar que, para ayudar, debemos hacer grandes esfuerzos. Sin embargo, nuestro cerebro responde de una manera muy distinta en momentos de incertidumbre: busca recuperar la sensación de control, encontrar significado y volver a conectar con los demás. Por eso sentimos la necesidad de llamar, escribir, acompañar o buscar la manera de estar presentes. Y, en medio de todo eso, podemos preguntarnos: ¿con qué recursos cuento hoy para acompañar a alguien?

La respuesta casi siempre está asociada al dinero. Sin embargo, las crisis nos recuerdan algo importante: los recursos también pueden ser emocionales, profesionales, sociales y comunicativos…

Y es ahí donde podemos hacer un inventario personal, no de lo que nos falta, sino de todo aquello que ya tenemos y que podría convertirse en una herramienta para ayudar a otros.

La comunicación ocupa un lugar especial dentro de ese inventario. Solemos asociarla con hablar, explicar o encontrar las palabras adecuadas, pero las situaciones difíciles también nos enseñan que escuchar, permanecer, consolar o guardar silencio cuando otros necesitan desahogarse también son formas de comunicar.

Y esa puede ser una de gran reflexión por estos días: acompañar no siempre significa tener respuestas; muchas veces, significa sólo estar disponibles.

Significa preguntar antes de aconsejar, comprender antes de responder, reconocer que algunas conversaciones no necesitan soluciones inmediatas. También significa asumir responsabilidad. La información que compartimos puede orientar o desorientar, puede acercar soluciones o generar más incertidumbre, puede conectar a las personas con una oportunidad de ayuda o alejarlas de ella.

Por eso, la comunicación es más que una herramienta para transmitir mensajes: es una capacidad para crear vínculos, generar confianza y construir puentes. Y cuando esta situación quede atrás, vale la pena preguntarnos: ¿qué parte de mí puedo poner al servicio de los demás?, seas un líder empresarial, un colaborador, o alguien que simplemente por humanidad quiere ayudar.

Esto también aplica a las marcas personales y corporativas, entendiendo que estas situaciones no deben tomarse de manera ventajosa para ganar visibilidad o como una oportunidad para fortalecer su branding o posicionamiento. Por el contrario, debe ser una herramienta para poner el conocimiento, la experiencia y los recursos al servicio de quienes los necesitan.

Y lo hemos visto recientemente… Empresas, más allá de donaciones en dinero o especie, pueden facilitar espacios de acompañamiento, impulsar redes de voluntariado, ofrecer asesoría especializada o utilizar sus canales para amplificar iniciativas valiosas.

Una marca personal puede orientar, conectar personas, compartir información útil o poner a disposición sus conocimientos. Cuando el propósito es genuino, la comunicación trasciende a mensajes motivacionales, y se convierte una acción.

Debemos entender que no todas las contribuciones tienen el mismo formato, pero todas tienen el potencial de generar impacto, entendiendo que ayudar no siempre implica “dar más”. A veces, significa reconocer aquello que ya tenemos y compartirlo.

¡Comunicar es poder!, y en momentos como estos, ese poder se traduce en acompañar, conectar y sostener.

En el caso de Colombia, nos tomará tiempo reconstruir, pero con amor, solidaridad, fe y donando también nuestros talentos, saldremos adelante.

¿Qué otra iniciativa se te ocurre para ayudar en momentos de crisis?

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